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sábado, 28 de octubre de 2017

LA CATRINA Del día de muertos

Todos vemos las calaveritas que desde México se popularizaron en el día de muertos. 

En este articulo te contamos de donde se origina esta tradición. 
Cuando el caricaturista mexicano José Guadalupe Posada dibujó por primera vez a La Catrina, nunca se imaginó que había creado un ícono. De hecho no se llama “La Catrina”, como la conocemos hoy, sino La Calavera Garbancera Te explicamos:

En los tiempos de Porfirio Díaz se le conocía como garbanceras a las personas que teniendo sangre indígena se hacían pasar por europeos y aparentaban un estilo de vida que no les correspondía. El dibujo original nos muestra un esqueleto sin vestido, sólo con un glamuroso sombrero; una escena con la que el artista se ríe de los “muertos de hambre” que quieren dárselas de ricos.


En realidad quien le pone vestido a La Calavera Garbancera es el muralista Diego Rivera a quien le encantó la idea del dibujante hidrocálido, pero la modificó vistiéndola al estilo de las mujeres ricas de la época. 

La imagen de Posada era básicamente una mujer desnuda excepto por el elegante sombrero. Diego Rivera tomo la idea para retratar una figura de cuerpo entero, ponerle un elegante vestido y, según algunas versiones, para copiar su “Catrina”. En su mural “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”, Catrina aparece llena de simbolismo. Rivera pintó el mural en 1947 en el Hotel del Prado, que estaba al final del parque de la Alameda. El mural sobrevivió al terremoto de 1985, que destruyó el hotel, y más tarde se trasladó al otro lado de la calle hasta el Museo Mural Diego Rivera, construido después del terremoto para ese propósito.

Con el tiempo esta imagen se ha convertido en un símbolo de los Días de Muertos, y su sentido crítico cambió totalmente.

El Día de los Muertos pone de relieve una de las mayores diferencias entre las culturas mexicana y estadounidense: la brecha de 180 grados entre las actitudes hacia la muerte. Los mexicanos mantienen la muerte (y por extensión a sus seres queridos muertos) cerca, tratándolo con familiaridad – incluso hospitalidad – en lugar de temor. La Catrina encarna esa filosofía, y sin embargo es mucho más que eso.

Un producto del espíritu irreverente y fervor rebelde que encendió una revolución, que amorosamente se mantiene viva y en evolución en el tiempo, ella sigue siendo tan relevante hoy como lo era hace un siglo. Ella es aún más entrañable por recordarnos una característica más mexicana, la capacidad de extraer el humor de la protesta, para burlarse de los poderes fácticos y las vacas sagradas de cualquier tipo sin la preocupación de que alguien podría ofenderse.